25 AÑOS SON ALGO CENTRO DE LA COOP 3- 5- 2011 2da. parte VICENTE ZITO LEMA

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VICENTE ZITO LEMA PRESENTA CRONICAS DE TRAPO de ALFREDO GRANDE

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SUICIDIO DE ESTADO


15 julio 2008

Escribe Alfredo Grande (especial para La Tecla Ñ digital)



“las dictaduras toman lo diferente como incompatible y asesinan. Las democracias toman lo incompatible como diferente y se suicidan” (aforismo implicado)

Victimizar al victimario. Resultante de la operación psíquica que Freud describiera como “transformación en lo contrario” y “vuelta contra si mismo”. Tempranos mecanismos con los cuales el sujeto enfrenta aquello que ataca la vida. Aquello que en la inermidad de los comienzos es necesario y suficiente, aparece en los tiempos del edipo después del edipo, como queja sin protesta, o en el mejor de los casos, como protesta sin combate. “Victimizar al Victimario” podría ser el nombre del operativo político cultural que, mas allá de triunfos aritméticos-legislativos de última generación, han colocado al Estado de la democracia en un lugar de extrema vulnerabilidad. Con total convicción, que no es lo mismo que la absoluta certeza, pero asumo que se le parece, afirmo que la autoría intelectual del Operativo no se puede atribuir solamente a “lo Kirchner”. Ni ella ni él han estado solos, y pienso que están tanto bien como mal acompañados.
La negación maníaca de la lucha de clases, no afecta en lo más mínimo a las clases, que más allá de afirmaciones de circunstancia, seguirán existiendo y creciendo, unas a expensas de otras. Pero sí afecta, y demasiado, la decisión colectiva de la lucha. Negar la lucha de clases es rendición incondicional (o condicional, ¿que más da?) a la hegemonía de las clases dominantes. El tema en todo caso no es mostrar la debilidad, como señala Eduardo Aliverti en una columna. El tema fundante es tener esa debilidad e intentar “transformarla en lo contrario”. Termina con una lamentable “vuelta contra si mismo”. Cuando todo el escenario político gira excluyentemente en la coyuntura, obviamos datos fundamentales.
En los últimos cinco años la violencia familiar aumentó un 60%. O sea: la violencia que ya no se ejerce contra el sistema represor, “vuelve contra si mismo” y se ataca lo mas propio: el hogar dulce hogar. Pero la familia en el orden burgués es un estado en miniatura. La “unidad de la familia, grandeza de la patria” que sermonean los reaccionarios, como todo delirio de la derecha tiene su núcleo de verdad. Una familia unida, es decir, sometida al patriarca represor, es funcional a cualquier otro patriarca represor aunque no sea de la familia. Un Estado autista a estos problemas, está criando los cuervos que, más temprano que tarde, le sacarán los ojos.
Por eso un Operativo Político Cultural que victimice al Patriarca Represor, es exactamente lo opuesto a una política de emancipación. Y una de las formas de victimizarlo es creando polaridades bizarras. “Gobierno vs campo”. Correlato inevitable: “Todos ellos son golpistas” A confesión de parte, D Elia dijo que eran los sectores más enriquecidos en los últimos años.

Haré el relevo de prueba, porque siempre los sectores mas enriquecidos van por más. Como todos sabemos, la cosecha de lucro nunca se acaba. Hay dicotomías descubridoras y otras encubridoras. El problema no es la polarización, a pesar de las advertencias de Hilda Sábato. El problema es el reduccionismo de la confrontación, que algunos han bautizado como pensar el conflicto en los términos de un “boca-river”. Si pensamos al Estado como la vanguardia administrativa, jurídica, política y cultural de la clase dominante, los partidos finales no pueden jugarse de visitante sin hinchada que aliente. Castrilli, el sheriff fracasado, inventó partidos sin hinchada visitante, algo así como la intimidad sin espejos. Fue peor, como todo lo que hizo Castrilli. Pero polarizar mal es peor que mediar. Detener a De Angeli, el torito panzón, es una forma absurda de echarse encima a la hinchada contraria. Y largarlo tan rápido fue una forma ridícula de tirarse encima la hinchada propia. Una polarización, una dicotomía, un binarismo duro, es preferible para intentar salir de la confusión y la mezcla nada milagrosa de sabihondos (no sabios) y suicidas (homicidas vueltos contra si mismos) Pero el progresismo, que es la involución de lo que alguna vez fue el progreso, necesita la confusión o su forma más encubridora, falsas dicotomías. “Braden o Perón” en la posguerra, fue necesario para desmentir la simpatía con el eje que habían tenido los militares del GOU. “De Angeli o Kirchner” : ¿que pretende desmentir? Quizá que el patrimonio nacional rifado en el menemismo, no se ha recuperado. Que en esa rifa con pocos números se anotaron varios K, incluidos el ex presidente. Que la ley de entidades financieras del peor de todos, Martínez de la Hoz, sigue vivita y culeando. O que las petroleras siguen siendo las convidadas de diamante del negocio exportador. Pero la victimización de la víctima, que la cultura represora propicia, siempre tiene propagandistas. Mario Toer responsabiliza a las debilidades del campo popular la falencia de políticas en las cuales se puede mensurar progreso. Supongo que también pensará que Carlos Marriera, que murió por la farola en la cabeza , o Juan Valdez, muerto al caer la tribuna en Tucumán, son responsables de su propia debilidad popular. Creo que la diferencia fundante entre la derecha y la izquierda es que cuando la primera ve causas, la segunda descubre efectos.
El campo popular débil, es un efecto del desmesurado afán por debilitarlo. Por ejemplo, no darle la personería jurídica a la CTA y festejar los 20 años de Moyano Hugo al frente (y a los costados, y al fondo) del sindicato de camioneros, no es precisamente un entrenamiento para fortalecer al campo popular. Otros campos seguro que si, como el de la burocracia enquistada que se llevó puestos a los jóvenes de la gloriosa JTP (recuerdo al ministro de trabajo Otero diciendo que eran algo jóvenes, poco trabajadores y nada peronistas) Una de las consecuencias de la polaridad encubridora que propone el campo y no desarma el gobierno, es que el hambre, el genocidio silencioso, sigue indiferente a los éxitos de la macroeconomía. Fidel Castro dijo que en las clases altas, los alimentos representan el 25 % del presupuesto familiar. En las clases bajas, el 80%. Las necesidades básicas, (de placeres no básicos mejor no hablar) además están insatisfechas. Y esto no es un tema de retenciones más o menos. El hambre no puede ser retenido. Ni retrotraído a la última vez que se comió. Por eso las dicotomías encubridoras se sostienen porque bloquean la emergencia de la dicotomía fundante: vida/muerte. Incluso la propuesta del recordado Toto Zimmerman de nombrar a la dictadura como “cívico militar” puede quedar traicionada al acentuar el carácter civil de la dictadura e indultar a la institución militar. De paso, premiarla con un no remunerativo aumento del 20%. La dicotomía “democracia/dictadura” puede prescribir rápidamente, en tanto los fundantes del genocidio no sean subvertidos. Y esa subversión no pasa por las retenciones. La “dignidad” del campo es apenas falso orgullo oligárquico. No conviene herirlo, a menos que se esté dispuesto a cortar las cabezas de la hidra. El abrazo de Rossi y Buzzi mas bien dan muestras de lo contrario. Retenciones más, retenciones menos, el modelo sojero
continúa. El glifosfato, el napalm de los agronegocios, sigue siendo utilizado, a pensar de la masacre ambiental y humana que ocasiona. Como señala Nicolás Casullo, “el que impone la campana cultural avanza, aunque retroceda; el que se opone o resiste, aunque avance, apenas se está defendiendo” Es evidente que llevar el tema de las retenciones al Congreso fue defenderse, de lo contrario hubiera sido el primer paso, no el último. Catorce horas no le hacen bien a nadie, menos a una mayoría de ñoquis a los cuatro kesos. Sin embargo, recordando a Cesar Bruto cuando decía que en la sopa mas repugnante hay algo de nutritivo, en ese debate pudo asomar por ráfagas, al nivel convencional descubridor. La pregunta: “¿en que se usa el dinero del superávit, incluyendo retenciones?” no es lo mismo contestarla: “para escuelas, hospitales, comedores” (algo así como un revival de con la democracia se come, se educa, se cura.) que contestarla: “para pagar la deuda externa” Sin el agregado de “con la sangre y el hambre de los argentinos”, porque hubiera sido más sarmientito de lo necesario. Con el agravio no gratuito, porque el diablo siempre mete la cola, que algún oligarca dirá que son ellos los que, vía retenciones, permiten la salud, la educación, la felicidad. Por eso este Estado sin participación directa de las mayorías, excepto que estén mediatizadas por frentes, contrafrentes o partidos, no es capaz de enfrentar binarismos fundantes. Ayer nomás, (de 1876 a 1903) 42 millones de hectáreas para 1843 terratenientes. Casi siempre repartidos en la numerosidad familiar de los ricos. Ese fue el objetivo único de la conquista del desierto, según deduzco de los datos que Felipe Pigna escribe. Hoy, Grobocopatel y pools de siembra. A los cuales se critica sin cambiarlos. O sea: mucha queja, sin combate.

Victimizar al Victimario es el nombre del Operativo Político Cultural. La transformación en lo contrario: una clase expoliadora y exfoliadora que prefiere el lucro con hambre, convoca a una asamblea multitudinaria en el Monumento a la Bandera en Rosario, cuna del Che. Vuelta contra si mismo: inflación sin Indek que valga, desabastecimiento, aumento de la apatía y el pésimo humor social.
Cuando en su último artículo José Pablo Feinmann (el Feinmann bueno como decía en mi Unipersonal) expresa que “yo no podría hacer política”, está definiendo a la política desde el capitalismo mas rancio: “espacio para todos los negocios, incluso los legales” Imposible aceptar esta katekesis dominguera. El corralito político y cultural en el que se ahoga el gobierno es el del capitalismo serio, y la insoportable continuidad del menemismo en figuras como cristobalito, señor de las tragamonedas. ¿Es serio un IVA del 21%? ¿O que la renta financiera no tribute? Mas allá de las votaciones, haber logrado que el victimario articule el discurso de la víctima, es una forma de suicidio de estado del cual todos los que no somos “campo” tendremos funestas consecuencias.
Freud señala que “la sombra del objeto ha caído sobre el yo”. Marx que “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”. Yo digo que “la subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases” La sombra del menemismo, el hecho maldito del país peronista, ha caído sobre la administración K. Aunque sea la sombra de un cabezón que alguna vez sepultó a Cabezas. Las generaciones muertas en combate contra la dictadura genocida no lo hicieron para un capitalismo serio, sino para una patria socialista. La lucha de clases, organiza al sujeto social como adaptado pasivamente, adaptado activamente o no adaptado. Vicente Zito Lema con su lengua sucia y alma limpia nos habla poéticamente de esa diferencia.

El suicidio de estado puede ser el próximo genocidio. La no victimización del victimario es uno de los pasos para impedirlo. Y parafraseando a Viglieti, “el gobierno no lo hará, pero lo haremos tu y yo, nosotros lo haremos, pongamos arcilla para el hombre nuevo”.

Alfredo Grande

JULIO DE 2008

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