25 AÑOS SON ALGO CENTRO DE LA COOP 3- 5- 2011 2da. parte VICENTE ZITO LEMA

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VICENTE ZITO LEMA PRESENTA CRONICAS DE TRAPO de ALFREDO GRANDE

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Testimonios y lenguaje de los oprimidos. Vicente Zito Lema. Fuente: Revista Crisis °11.Bs. As. Marzo de 1974.

Testimonios y lenguaje de los oprimidos.

Vicente Zito Lema.

Fuente: Revista Crisis °11.Bs. As. Marzo de 1974.





El material que publicamos en esta selección proviene de los hospi­cios Braulio Moyano, Melchor Romero y Borda, y fue recogido, entre 1968 y 1973, por Vicente Zito Lema. Con él colaboraron Marcelo Lar­tigue, Basilio Benítez, Daniel Salvadó, Mario Ancewicz, Roberto Alva­rado y Marcelo Pichon Rivière.

Algunos de los textos son transcripciones de testimonios orales. Esta es sólo una parte del conjunto de materiales que, sobre las for­mas de expresión del oprimido, Zlto Lema agrupará en un libro.





La emoción y el asombro.

Todo lo referente a la cultura, y por ende el arte, a las formas de expresión de los hombres, debe ser enfocado -si se pretende un real conocimiento- te­niendo presente su carácter temporal y su necesaria relación con la situación socioeconómica del medio.

Esto no quita que, igualmente, debamos analizar las motivaciones, la génesis crea­tiva que da lugar a esas expresiones; en la búsqueda de hallar respuestas a uno de los interrogantes más arduos que se plan­tean: ¿por qué el hombre tiene necesidad de expresarse, por qué las formas tradi­cionalmente, codificadas del arte, poesía, pintura, danza, música..- persisten a través del tiempo?

En esta edición ofrecemos testimonios del hospicio. Son creaciones culturales de hombres oprimidos, que Integran una clase social oprimida y que viven, en con­diciones muy penosas, dentro de un país a su vez oprimido.

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Al hablar de reclusión se piensa gene­ralmente en las cárceles. Se olvida así que, a pesar de los Intentos de mostrarlos como hospitales o Institutos neuropsi­quiátricos, los hospicios son, otra forma de prisión. Los allí recluidos -los inter­nos- están privados de la libertad por orden judicial, y sin un nuevo decreto del juez no pueden recobrar la libertad; con­secuentemente, se los priva de la patria potestad y del derecho de decidir sobre sus hijos y sus bienes -si es que los tienen-; no pueden realizar ningún acto legal, administrativo o político. Son, en una palabra, muertos civiles.

Su régimen de vida es similar al de los Institutos carcelarios. Se los considera literalmente "objetos"; por otra parte, son comunes los vejámenes y castigos corporales: aquí el enfermero –aún el médico- reemplaza al guardián, y el elec­troshock a la picana.

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El llamado "enfermo mental" sufre una doble situación de opresión.

En primer lugar, una opresión que se entronca con la de la propia clase social a la que generalmente pertenece: la casi totalidad de los Internados proviene de los sectores más sufridos de la clase trabajadora.

El segundo grado de opresión tiene que ver directamente con la situación que se padece dentro del propio, hospicio.

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No queremos dejar de señalar, muy bre­vemente:

a) El concepto de salud -y por ende el de enfermedad- es temporal, cambian­te, y es impuesto, como el de legalidad, por los dueños del poder: hace a la polí­tica y a la Ideología.

b) Deben considerarse, en el análisis de la génesis de los estados espirituales de crisis, las fuentes de angustia deriva­das de la evolución de la sociedad primi­tiva y de la quiebra de la unidad de lo colectivo y lo Individual, con el desarrollo de las fuerzas productivas y la división del trabajo, el nacimiento de las clases sociales y sus luchas, y las guerras de dominación de unas sociedades por otras. A medida que los seres humanos se fue­ron separando de la naturaleza y la pri­mitiva unidad se fue rompiendo por la división del trabajo y el nacimiento de la propiedad privada, se ha fracturado tam­bién el equilibrio entre el Individuo y el mundo exterior. Y esa pérdida de la ar­monía con el mundo exterior llevaría inexorablemente a la histeria, al éxtasis, a la locura (Ernst Fischer).

c) En su mayoría, los Internados han sufrido previamente las consecuencias de un estado de explotación, con sus secue­las de subalimentación, insalubridad, pro­miscuidad, alcoholismo. Los internados por alcoholismo constituyen una altísima pro­porción de la población del hospicio.

d) Igualmente hay que tener presente la represión sexual y mental, los prejuicios y la Ideología que tiene su basa­mento en la castración y en el bloqueo del libre desarrollo del hombre.

e) Los psiquiatras actúan, en algunos casos, como funcionarios policiales con­tra quienes reniegan del sistema establecido de valores.

Completa la situación, como ya hemos dicho, la opresión que sufren los reclui­dos en el propio hospicio: hambre, malos tratos, torturas, trabajos agobiantes y no remunerados, abandono total, falta de ves­timenta. En las propias palabras de un in­ternado: "Sufrimos hambre; cuando pro­testamos nos castigan o nos dan un montón de pastillas para doparnos; andamos mal vestidos o desnudos; la gente nos rechaza... Aquí adentro andamos como animales ¿A usted le parece que pode­mos sonreír?".

En los hospicios Melchor Romero, Bor­da y Moyano, se encuentran actualmente más de diez mil internos, que padecen situaciones similares: falta de médicos, de enfermeros, falta de comida, moscas que invaden todo, pésimo estado de con­servación de los edificios, paredes agrie­tadas, carencia de puertas y vidrios, olores nauseabundos, inexistencia de agua caliente en las duchas, y no provisión de ropa para los recluidos que deben andar vestidos andrajosamente o semidesnudos. Esto, sin olvidar el problema básico que plantean los tratamientos a que son some­tidos los Internos, más conducentes a su paulatina desintegración mental que a su reintegro a la sociedad.

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¿Cómo hacen los oprimidos para tras­cender, individual y colectivamente, el es­tado de injusticia que sufren? Los testi­monios que aquí ofrecemos prueban una vez más que el hombre, aún en las can­diciones más desfavorables, continúa bus­cando la comunicación con los demás hombres, testimoniando su situación his­tórica, generando emoción y asombro. Lo hace a través de las formas tradicional­mente aceptadas como arte, pero también a través de la creación de muñecos, tejidos, artesanías; murales, letras de tangos, canciones y carteles.

Debemos tener conciencia que la exis­tencia de esas obras -o su no existen­cia o censura-, son parte de la lucha In­tegral contra el opresor.

En un principio clásico de la guerra: el dominador trata de descalificar por todos los medios a los que domina. Por lo tan­to no debe asombrarnos el trato que se da a los "Internos", más allá de la acti­tud individual correcta de algunos médi­cos o enfermeros. Lo que define una si­tuación es su generalidad, esto es, su conversión en sistema.

Y tampoco debe extrañarnos que los recluidos persistan, obstinadamente, tes­timoniando y creando; ellos tratan de con­servar, de defender -y ésta es una ma­nera— su condición real y efectiva de seres humanos, porque, y he ahí el fondo de la cuestión, la opresión en los hospi­cios pretende justificarse negándoles o retaceándoles esa condición.

Aun en las peores condiciones el hom­bre necesita ser algo más qué él mismo. Pretende la totalidad. No le satisface ser un Individuo separado; parte del carácter fragmentario de su vida para elevarse hacia una plenitud de destino que no puede conocer por las limitaciones de su individualidad, hacia un mundo más com­prensible y más justo, hacia un mundo con sentido, y es a, través de la creación que también pretende convertir en so­ciar su particularidad. Por eso, el análisis de estas obras utilizando valores estéti­cos parece de todo sentido, o tiene el sentido encubierto de negarlas o cuestio­narlas bajo pautas culturales elitistas. Parecido fin, similar Ideología, tiene la postura -pseudo-científica- de los que llegan a preguntarse si pueden ser consi­deradas "obras de arte" las producciones de personas que antes de la aparición de la "enfermedad mental" jamás habían ejercitado actividades artísticas y no hab­ían recibido formación de ningún género.

Esta postura lleva a enfrentar las formas de expresión de esta clase de opri­midos en forma negativa o con curiosidad malsana, privado el receptor del necesario respeto que conduce a la asimilación y comunicación, a la real valoración del mensaje.

Es también necesario destacar que es­tas obras son un rotundo mentís a las teorías según las cuales el llamado "en­fermo mental" se sumerge en un autismo que excluye toda relación con el prójimo. Asimismo estos testimonios rescatan la inocencia y el sentido de las propias dis­ciplinas tradicionales. He aquí la pintura la cerámica, la literatura; despojados de toda connotación mercantilista, dejando de ser mercancía de tráficos, bien de consumo fruto de gustación y prestigio para élites.



“. . . Se recuerda a través de los hechos que conmovieron a la opinión pública, so­bre el Hospital Neuropsiquiátrico de Mel­chor Romero; a través de lo que los periódicos locales fueron escalonando lo que ocurría en este hospital. Yo le pre­gunto a la sociedad como un internado: ¿por qué el motivo particular de lo que ocurre en otros hospitales, que no son mentales? ¿por qué para ellos cualquier cantidad de guita, y mientras tanto, para nosotros la miseria, la angustia y el do­lor? Me pregunto si somos enfermos, o qué es lo que somos realmente. ¿Para qué? ¿por qué para los otros hospitales, que no son neuropsiquiátricos hay de todo y para nosotros nada? ¿por qué esa dife­rencia? ". . . Como se dijo alguna vez­: que esto es una vergüenza que corresponda a un mundo humano". . . Yo me hago una cuestión: porqué el gobierno argentino nos da a los internados una vida miserable y un plato rasposo de co­mida; que en un restorán lo regalan? yo preguntaría: ¿dónde está la plata que paga el pueblo para suministrar este hospi­tal? ", . . Mí familia, personalmente, creía, como creían en mi pueblo, que aquí se comían cosas ricas. Recuerdo que una vez cuando hablé con ellos; les hice el si­guiente planteo: Oue sí ellos pensaban que aquí se comía y se estaba bien ¿por qué no se metían aquí adentro todos jun­tos, una temporada y yo me volvía a Olavarría por 15 días? Yo los vendría a vi­sitar los fines de semana. Entonces, me iban a dar una respuesta. También, les dice el flaco que habla, que rueguen al cielo que no les toque nunca caer nunca aquí adentro, porque ahí van a saber cuántos pares son tres botas.

“. . . Les voy a abrir los ojos, perdonen, que a lo mejor les va a doler: ¿qué pasa­ba en los hogares, o sea humildes, o sea oligarcas? ¿qué pasaba con el enfermo mental, que a lo mejor; el padre, el her­mano o la hermana, o a los núcleos que ellos trataban, les molestaba tener un hijo loco? ¿Qué pasaba? ... en un acto de cobardía infame salían a la calle a ver dónde los podían meter. Son tan atorran­tes y tan bajos que ni vergüenza tienen de hacer eso con un familiar! Si yo fuera presidente argentino ordenaría que: el hijo loco y, nervioso sea curado en su casa. "...Con la experiencia de un internado que está en el pentáculo, le digo: ¿usted que está en el mundo de la verdadera FANTASIA, del güisqui; de las minas, las pilchas, la apariencia y la noche, ¿qué le podría importar este pequeño mundo? Y después, dicen que usted vive en la rea­lidad y yo en la fantasía.

¡¡¡VAMOS!!! ... Dentro de esta sociedad, en este carnaval bullicioso, que podría asemejarlo con palabras dáctiles, preguntarle, preguntarle HEN: ¿qué san? ¿qué es lo que quieren? ¿Adónde quieren: llegar? Bueno, siguiendo la comparsa bu­lliciosa de esta sociedad que ha tomado un camino, me pregunto en mi pensamiento más alto: ¿es un camino justo? ¿o tal vez, un camino equivocado? Por eso, simplemente le hago esta pregunta ¿señores oligarcas, lugartenientes, qué es lo que quieren en ese mundo de copas que ustedes tienen, de minas, de orgía y de lujos? Yo en mi patética hombría; les digo que se olvidaron una cosa; que dentro de este mundo, el único que la talla verdaderamente, es Jesucristo “. . . porque de nada les van a valer sus orgías, sus minas, sus riquezas, porque en cualquier momento cae la guadaña y tienen, que dar el adiós definitivo a este mundo":

"...Usted está afuera, es libre, tiene trabajo y conoce gente importante, por eso usted puede y yo no. Si usted vi­viese en mi lugar sabría lo que es real mente la injusticia. La justicia se mueve con dinero para los abogados, o con ami­gos que son políticos, militares o curas. Por eso yo tengo que aguantar mi desgracia de estar encerrado aquí adentro. Simplemente, porque yo no puedo. Mi de­lito es ser pobre, y no tener amigos, ni una familia que me ayude. Me metieron aquí por "nervioso". Yo le pregunto, ¿qué pasaría si en este país se encerrara a todos los "nerviosos"? Indudablemente, se necesitaría un hospicio más grande que la provincia de Buenos Aires".

“... Los problemas de nuestra vida, eco­nómicos y familiares, no se arreglan con insulina, pastillas y electroshocks, al contrario, nos embrutecen y nos hacen más difícil encontrar las soluciones.

"...Lo peor del hospital son las horas que pasamos sin hacer nada, porque, obligan a pensar en nuestros problemas que no tienen arreglo, que nos obligan a masticar nuestra amargura y desesperación."

“...Y desde los 15 años andaba de hospital en hospital y de instituto en instituto. Hace dos años, mi familia me prometió que me iba a llevar y aquí estoy, Nunca se preocuparon por mí, total, el único que no sirve soy yo. Todos, mis hermanos son estudiosos, menos yo, que no pude. Desgraciadamente, sufro, una enfermedad de epilepsia ¿pero cuántos hay afuera que sufren la misma enfermedad, y sin embargo, siguen sueltos? ". . . Usted va a festejar el día de la primavera, invi­tará a sus amigos, pero sin acordarse que hay gente que no puede festejarla, que le gustaría pero desgraciadamente no pue­de "... Me extraña que en un país como el nuestro, habiendo tanta riqueza, la ma­yoría inexplotada, haya tanta gente bus­cando trabajo por todos lados. Nuestro país exporta al exterior la mejor, carne vacuna, mientras que nosotros nos quedamos con la peor, ¿a Vd. le parece? Yo no le echo la culpa a nadie, pero hay algo que no funciona.

“….A veces, pensando, me pregunto cómo se podría hacer para que en el hos­pital nos asistieran médicos que fueran buenos y no médicos que a lo mejor, sin querer, nos hagan mal sin darse cuenta? “…Creo que si algún día se buscan solu­ciones a los problemas de hospitales como este, uno de los primeros puntos que debe tratarse, es éste que les digo."

“. . . Comenzando... me levanto a las dos y media, de la mañana que me des­pejo tomando unos mates y calentando el agua para los demás muchachos que tra­bajen en la limpieza. Y de esta manera, a las cuatro de la mañana, los llamo a todos los muchachos que hacen la limpieza (in­ternados) y tomamos mate durante 50 mi­nutos hasta las cinco menos diez, que es la hora que se prenden las luces de la sala, y comenzamos la limpieza hasta las cinco y media de la mañana. Y para las seis menos veinte, viene el cambio de guardia que se dedica a ORDENAR un poco y a repartir los comprimidos a las seis de la mañana. Y después, sigo traba­jando todo el día.

...Con toda la tarea que hago en la sala y en otros lugares, tendría que reci­bir un sueldo, y en cambio, estoy labu­rándo por un plato de sopa miserable y un jarrito de leche con agua. Ahora, me entranqué...



"..Y los grandes señores llevándose; el sueldo a costilla de los internados....Por lo menos cuando estaba en Pena­les, laburaba, pero tan siquiera recibía poculio que venía a ser en aquellos tiem­pos, mil pesos por mes, que me alcanza­ban para cigarrillos y tabaco. Tan siquiera aquí, en Salad Pública fuera así, sería una gloria. "...Que pensando bien, dan ganas, de pedir la libertad y salir a trabajar afuera."

"Hace 3 años que estoy internado en este hospital y cada vez tengo menos ganas de tratar con la gente. Es como si a uno se metiera cada vez más en su caparazón de caracol. Aquí uno se vuelve más indiferente y apático. Creo, que ahora es­toy peor que cuando entré pues tengo los mismos problemas que antes, con la diferencia que actualmente tengo miedo de salir afuera y enfrentarme con el mundo. En este lugar se nos aleja tanto de afue­ra, que después si algún día salimos, no sabemos vivir entre la gente «sana»."

Los problemas de nuestra vida, econó­micos y familiares, no se arreglan con in­sulina, pastillas y electroshocks, al contrario, nos embrutecen y nos hacen más difícil encontrar soluciones."

"No queremos que ustedes publiquen cosas para dar lástima, queremos que se muevan para que se haga algo. Yo tengo 10 años aquí. Muchos me tuvieron lásti­ma y me prometieron un montón de co­sas, pero yo sigo aquí, igual que antes. Nosotros necesitamos hechos, no senti­mientos. Ya estamos cansados de promesas. Todos tienen buenas intenciones pero no hacen nada. Así funciona este país."

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